Qué recibe
Documentos, datos, eventos, formularios, mensajes o información de otros sistemas.
Diseñamos la solución alrededor del proceso que ya existe: sistemas, datos, reglas, personas y excepciones. El objetivo es que encaje en el trabajo real, no obligarte a reorganizarlo todo alrededor de una herramienta.

Cada empresa tiene su combinación de aplicaciones, reglas, datos y formas de trabajar. Eso es lo que hace que dos procesos aparentemente iguales puedan necesitar soluciones distintas.
Reutilizamos componentes y patrones cuando aportan ventaja, y adaptamos lo necesario para que la automatización funcione en tu entorno. Así evitamos reinventar lo que ya está resuelto sin convertir el proyecto en una plantilla genérica.
Una solución completa tiene que entender el recorrido del trabajo de principio a fin.
Documentos, datos, eventos, formularios, mensajes o información de otros sistemas.
Transforma, comprueba, interpreta, compara, clasifica o decide según las reglas del proceso.
Actualiza un sistema, genera un documento, lanza una acción, prepara una respuesta, registra información o deja un caso listo para revisión.
Puede pedir un dato, detenerse, reintentar, cambiar de camino o pasar el caso a una persona.
ERP, CRM, bases de datos, correo, almacenamiento, herramientas internas, APIs o cualquier otra pieza necesaria para completar el proceso.
Definimos qué resultados deben producirse y comprobamos la solución contra ellos antes de darla por terminada.
Según el caso, una solución puede:
La solución se compone con las capacidades que realmente necesita el trabajo.
Los procesos reales tienen documentos incompletos, datos contradictorios, sistemas que a veces no responden, decisiones que requieren autorización y casos que simplemente no deberían resolverse de forma automática.
Una buena automatización sabe qué hacer también ahí: esperar, reintentar, pedir información, seguir otro camino o preparar el caso para que una persona decida con contexto suficiente.

La entrega puede incluir software, integraciones, modelos, agentes, configuración, pruebas, documentación e implantación. La composición cambia según el proyecto; lo que no cambia es el objetivo: que la automatización quede funcionando dentro del entorno previsto.
Para valorar una oportunidad miramos qué trabajo cambia, cuánto pesa hoy, qué errores o retrasos evita y qué capacidad nueva puede abrir.
Cuando esas magnitudes pueden medirse con sentido, las utilizamos. Cuando no, valoramos el caso por su impacto operativo y por la solución necesaria para resolverlo. La propuesta corresponde a una implantación concreta, no a una bolsa abierta de horas.
Activo Inteligente no basa su modelo en cobrar por cada ejecución. Si para operar la solución hacen falta servicios externos infraestructura, APIs, modelos, almacenamiento u otros se presentan aparte para que el coste sea visible desde el principio.
Nuevos sistemas, nuevas reglas, más volumen o nuevas funciones pueden requerir una evolución. La ventaja de una solución propia es que puede adaptarse cuando el trabajo real cambia.
Una solución propia puede quedarse resolviendo el mismo problema durante años o evolucionar cuando cambie el trabajo.
Cuéntanos qué ocurre hoy, qué resultado buscas y dónde está el problema. Nosotros estudiaremos la mejor forma de resolverlo.